Sobre mí
Yo me enfermo, yo me curo:
El camino hacia la coherencia
Durante varios años pensé que tenía la capacidad de cambiar a alguien. Cuando comencé mi propio proceso, supe que eso no era posible: solo un@ mism@ tiene la sabiduría de transformarse, y lo hace siempre por elección propia.
Llegué a esta conclusión durante mi experiencia con un cáncer de mama al que decidí llamar "Azucena".
Mi hermano mayor, al que acompañé en su proceso, había fallecido por esta enfermedad tres años antes de mi diagnóstico, y cada vez que escuchaba la palabra "cáncer", mi cuerpo se tensaba y el miedo me paralizaba. Al llamarlo Azucena, mi cuerpo se relajaba. Solo cuando bajé el volumen del miedo pude empezar a escuchar la voz que me guiaba.
La pregunta de la "Máquina Perfecta"
Esa voz interior me hizo dos preguntas clave:
“Si el cuerpo es una máquina perfectamente diseñada, ¿por qué enferma? ¿Es posible que tengas algo que ver?”.
Como quiromasajista, yo conocía bien la anatomía humana y sabía que el cuerpo no falla por error. No sentí culpa, pero comprendí que mi enfermedad venía de mi estilo de vida, y algo dentro de mi me decía "es emocional, es emocional", más adelante te doy la respuesta de esta verdad.
Algo estaba sucediendo en mi vida que había llevado a mi "máquina" a avisarme de que algo no iba bien. Supe que, si localizaba el origen, mi cuerpo dejaría de necesitar la enfermedad para alertarme. Todo esto lo hice de manera innata, después el tiempo me llevó hasta el Dr. Bach para explicarme mi proceso.
El poder de la elección
En esta búsqueda descubrí que estaba llevando una vida que realmente no había elegido, la forma de relacionarme con mi pareja, mi mirada a la maternidad, y mi forma de "ver" la vida estaban basadas en mis creencias, y en lo que había aprendido en casa, pero no en mi manera real de hacerlo, y entendí que todo eso fue lo que me llevó a la enfermedad. Después del proceso sostuve 3 años más mi relación por miedos y sentimientos de culpabilidad, pero supe que, si seguía así volvería a enfermar.
Mi mantra pasó a ser:
"Yo me enfermo, yo me curo".
Este mantra no significó que la curación la tuviera que hacer sola, sino que el camino y los apoyos que fuera a usar para que mi cuerpo recuperase su equilibrio los iba a decidir yo. Para mi, sanar y curarme, iban en un pack donde TODO tenía que ser mirado y revisado, mi educación, mis creencias, mi manera de vivir, también supe que todo esto formaría parte de mi vida para siempre.
Este mantra me llevó a elegir un médico con el que me sintiera segura, lo encontré, tomar complementos, y cambiar mi estilo de vida totalmente, incluido concederme dos días a la semana solo para mi, algo que no entraba en mi concepto de madre "perfecta".
.
Hoy pongo esta experiencia a tu servicio. No para decirte qué hacer, sino para acompañarte a que escuches tu propia voz, encuentres tu verdad y elijas, por fin, cómo quieres vivir tu vida.

“Nuestras almas, que en realidad somos nosotros, son inmortales y los cuerpos, de los que somos conscientes, son temporales, simplemente como si fuesen caballos que montamos para hacer un viaje o instrumentos que utilizamos para realizar un trabajo.
Mientras nuestras Almas y personalidades estén en armonía, todo será alegría y paz, felicidad y salud. Es cuando nuestras personalidades se desvían del camino trazado por el Alma, ya sea por nuestros propios deseos mundanos o por la persuasión de los demás, surge un conflicto. Este conflicto es la causa raíz de la enfermedad y la infelicidad”.
Extraído del libro de Edward Bach: Cúrate a ti mismo.
Sobre acompañar
Acompañar el camino hacia tu propia verdad
Con los años, me he dado cuenta de lo importante que es permitirme ser acompañada. Durante mucho tiempo creí que podía con todo sola. He avanzado en mi vida, ¡SÍ!, pero ¿podría haberlo hecho de forma más amable si me hubiese permitido ser acompañada en mis procesos? ¡TAMBIÉN!
Conozco esa diferencia porque ahora me permito hacerlo cuando no encuentro los recursos para resolver determinadas situaciones sola.
El alivio de reconocerse
En la Terapia Floral Evolutiva aprendí que existen 12 tipos de personalidad. Al principio parece teoría, pero para mí fue el espejo donde reconocí mis propios desvíos y cómo reaccionaba ante el dolor. Sentí un alivio inmenso al ver lo que se activaba en mí; pude "perdonarme" por mis reacciones al entender que era algo que "venía de serie" y no que yo estuviera haciendo algo malo.
Ese autoconocimiento es el primer paso para dejar de acudir al médico "cada dos por tres": entender quién eres para recuperar tu poder.
La experiencia frente a los libros
He conocido a muchos terapeutas, pero los que más me han ayudado han sido los que han vivido experiencias, no los que solo repiten lo que dicen los libros. La información es importante, pero si no has transitado el dolor, no sabes por lo que la otra persona está pasando.
He acompañado a mi hermano en su cáncer hasta su partida, he pasado por mi propio cáncer, por una separación y por el reto de reinventarme profesionalmente tras años dedicada a mis hijos. No creo saber más que nadie, pero he vivido momentos de mucho dolor y he sabido trascenderlos.
Tu verdad es el camino
Cuando alguien me llama buscando seguridad sobre lo que siente, a veces teme que no la entienda porque lo que siente va en contra de "lo que se dicta". Mi labor es hacerle consciente de que eso que sientes es SU VERDAD. No importa si el médico, su marido o cualquier "eminencia" le contradice; ellos tienen sus verdades, pero quizá no son las que el/ella en ese momento necesitas.
He aprendido que:
-
No existen las "malas experiencias", sino experiencias necesarias para nuestra evolución.
-
Nadie tiene la verdad absoluta sobre un proceso.
-
Yo no "hago" nada; yo solo acompaño. El trabajo y la transformación los hace la persona por elección propia.
Me fascina ver cómo llegáis a la consulta y cómo os vais. Pongo mi experiencia y mi escucha, con mucho amor, a vuestro servicio.
Bienvenidos a tod@s l@s que queráis ser acompañados en vuestros procesos y gracias a tod@s los que me permitisteis hacerlo.


.png)
